Providencia, The Paradise
A la mañana siguiente nos levantamos bien temprano, nos tomamos 1 pastilla de biodramina y dejamos la maleta grande en la recepción del hotel de San Andrés. Fuimos en busca del catamarán con 2 mochilas pequeñas provistas de lo necesario para pasar 3 días.
Tal y como vimos en su web allí estaban, y por lo visto nadie pudo pagar la reserva online. Las plazas del catamarán son limitadas por lo que si te interesa viajar es mejor que hagas la reserva. En el momento de pagar nos entregaron una ‘bolsa’ de agua y una pastilla de biodramina que alertaba de un viaje movidito. El ‘crucero’ duró algo más de 3 horas y no fue nada placentero. Era como estar balanceándote en el columpio de Heidi. No puedes hacer más que intentar no fijar la vista, mirar hacia las nubes y respirar hondo en cada ola. Varias personas vomitaron, y la tripulación muy atenta rápidamente atendía a quien lo precisaba. A la vuelta un isleño nos recomendó ir en la parte de atrás, sin aire acondicionado ni butacas cómodas pero por lo visto es donde menos te mareas, y por suerte el viaje es menos accidentado.
Si dispones de presupuesto y las condiciones de aterrizaje lo permiten puedes mirar de llegar en una pequeña avioneta desde el aeropuerto de San Andrés, y tan sólo tardas 30 minutos.
Varios turistas que conocimos hacían escala en San Andrés tan sólo para llegar a Providencia, y te lo recomiendo, ya que todo el tiempo que estés te pasará volando.
Llegamos a Providencia!
Aquí descubrimos nuestras playas preferidas, sin masificaciones ni vendedores ambulantes. Es un verdadero relax.
Providencia es una isla fantástica, diferente a toda Colombia.
Los isleños de Providencia tienen su propio idioma y encontrarás a varios ‘Rastafaris’. Son muy amables, te ayudan en todo y siempre sonríen. Si vas con estrés ellos ya se encargan de recordarte que sin prisas va todo mejor.
Es una isla para disfrutar del descanso, del Mar Caribe y de tus vacaciones.
Si eres submarinista o quieres iniciarte este es el lugar ideal ya que cuenta con el tercer arrecife de coral más grande del mundo. Encontrarás varias escuelas a buenos precios.
Providencia es una isla fantástica, diferente a toda Colombia.
Los isleños de Providencia tienen su propio idioma y encontrarás a varios ‘Rastafaris’. Son muy amables, te ayudan en todo y siempre sonríen. Si vas con estrés ellos ya se encargan de recordarte que sin prisas va todo mejor.
Es una isla para disfrutar del descanso, del Mar Caribe y de tus vacaciones.
Si eres submarinista o quieres iniciarte este es el lugar ideal ya que cuenta con el tercer arrecife de coral más grande del mundo. Encontrarás varias escuelas a buenos precios.
En Providencia verás ‘el mar de los 7 colores’. Podrás apreciar las diferentes tonalidades del mar, sobre todo desde Cayo Cangrejo.
Nos comentaron que la mejor época para disfrutarlo es durante el mes de abril, pero en octubre estuvimos la mar de bien.
Nos comentaron que la mejor época para disfrutarlo es durante el mes de abril, pero en octubre estuvimos la mar de bien.
Los sábados manda la tradición realizar carreras de caballos en la playa, y resulta que el único veterinario de la isla es español.
Verás que en Providencia no se puede construir edificios de más de 2 alturas, por lo que todas las construcciones son pequeñas. Los negocios deben estar regentados por los isleños y los grandes inversores dependen de ellos. Es un lugar tranquilo donde puedes estar muy seguro, descansar en las playas sin que nadie te interrumpa y disfrutar del Paraíso.
Desembarcamos a las 12h y nos esperaba otro control policial para permitirnos el acceso. Nos entregaron un mapa de la isla y nos desearon una maravillosa estancia.
Justo al desembarcar vimos a mano izquierda un puente de madera flotante que proporciona acceso al barrio de Santa Catalina. A 5 minutos caminando está el centro, pero no es un lugar turístico para visitar. Allí puedes encontrar los 2 únicos bancos de la isla, y si no llevas efectivo también tienes un cajero junto a la salida del ferry. En el resto de la isla no encontrarás otros, y recuerda que la mayoría de los pagos se hacen en efectivo.
Los taxis y mototaxis te esperan a tu llegada. Los precios son lineales por lo que en esta isla no hay mucho que regatear. Puedes intentar bajar algunos pesos pero no es lo habitual. Nosotros nos animamos con la mototaxi ya que sólo llevábamos 2 mochilas. Bill Clinton, un joven isleño de 1,90m y más feliz que nadie, nos llevó a los 2 en su moto hasta el hotel ubicado al otro lado de la isla.
El precio del taxi tanto del puerto o del aeropuerto a cualquier lugar de la isla es de 25.000 COP, y de una mototaxi de 10.000 COP. El resto de desplazamientos por la isla depende de la distancia, pero se aproximan a los importes indicados.
Valoramos alquilar una motocicleta pero nos resultó más cómodo y económico desplazarnos en mototaxi. Las encontrábamos por toda la isla y en una ocasión le pedimos a un isleño que nos consiguiera una. Al coincidir varias veces con el mototaxista Bill Clinton al final quedábamos a una hora para que nos pasara a buscar y nos iba de fábula.
El mejor hotel de la isla según Tripadvisor es el Deep Blue, y también el más caro. Para mi gusto la zona donde se encuentra está aislada pero sí que tiene muy buenas vistas a Cayo Cangrejo.
Te recomiendo la zona donde nos hospedamos, en ‘Aguas Dulces’, al oeste de la isla.
También puedes encontrar algunos restaurantes como las cabañas de Miss Elma que están junto a la única playita del pueblo, y tiene una terraza perfecta para ver la puesta de sol.
Una de las noches cenamos en el restaurante de Donde Martin, de precios algo más elevados pero lo disfrutamos. Uno de los platos típicos de la isla son las muelitas y allí las probamos al ajillo. Son las pinzas del cangrejo guisadas, no llenan mucho pero son muy sabrosas y fáciles de comer.
Una de las noches cenamos en el restaurante de Donde Martin, de precios algo más elevados pero lo disfrutamos. Uno de los platos típicos de la isla son las muelitas y allí las probamos al ajillo. Son las pinzas del cangrejo guisadas, no llenan mucho pero son muy sabrosas y fáciles de comer.
Nuestra cabaña estaba en 2ª línea de mar, en una zona muy tranquila con cantares de cientos de ranas durante la noche. Gluoop, gluuop, gluuop…. nos contaron que las ranas hacen gluoop porqué quieren más agua y por lo tanto te avisan que va a llover. Las lluvias del Caribe son intensas pero breves; con paciencia y una cervecita verás que las nubes desaparecen.
Dejamos las mochilas en la cabaña y visitamos el centro en 2 minutos, ubicando el supermercado y la playa. Un mototaxi nos llevó a nuestro lugar preferido: El Divino Niño.
South West Bay te ofrece una larga playa de arena blanca junto a aguas tranquilas donde las palmeras te hacen de sombrilla. Encontramos una ‘cocina central’ donde preparaban los mariscos que luego se sirven en los chiringuitos. Nosotros repetimos 2 días en el Divino Niño, y si hubiéramos estado 1 semana seguro que los 7 días habríamos comido allí. Los Chiringuitos abren hasta las 17h por lo que es para realizar la comida del día, en bañador y con gafas de sol, a orillas del Mar Caribe.
Allí comimos el ‘mixto de marisco’ por 50.000 COP compuesto de ensalada, arroz hervido en coco, plátano macho frito, 1 pescado a la parrilla, caracol de mar con salsita y media langosta. Si pides para 2 personas te ponen 1 pescado más por 10.000 COP extra. La verdad que con este platazo ya casi no cenábamos.
A unos 100 metros de la orilla hay unas rocas que forman una diminuta islita. En uno de los baños me aventuré a dar la vuelta nadando con mi super equipación de snorkel. Pude ver varios bancos de peces, plantas y coral, hasta que pase por encima de una grieta donde se me apareció una tintorera de algo más de 1 metro. Vaya susto! No paré de nadar hasta llegar a la orilla, y fue cuando descubrí lo valiente submarinista que soy.
Uno de los días de playa conocimos a un grupo de italianos que estaban en unas cabañas en la zona South West Bay. Nos recomendaron cenar en el restaurante Caffe Studio gestionado por una canadiense y su marido isleño. Ellos habían contratado por 50.000 COP por persona una excursión en barca que rodeaba toda la isla con paradas en Aguas Dulces, Cayo Cangrejo y Manzanillo; pero nosotros preferimos ir por nuestra cuenta desplazándonos por carretera.
Por eso al día siguiente a las 9h teníamos a Bill Clinton frente a nuestra cabaña y nos llevó al muelle del hotel Deep Blue donde contratamos al barquero que nos acercó en 5 minutos a Cayo Cangrejo. Si el mar está tranquilo y estás en forma puedes alquilar un kayak, pero aquel día no era el indicado. Negociamos el precio para que nos llevaran por 70.000 COP, y quizás podríamos haberlo rebajado más. En el trayecto nos ofreció alquilar el equipo de snorkel pero ya teníamos el nuestro.
Cayo Cangrejo es un mini islote rodeado de aguas cristalinas y coral, donde no hay ninguna playa. Nos dejó en el muelle y todavía no había llegado nadie, por lo que disfrutamos de las 2 primeras horas en tranquilidad absoluta. Lo primero que hicimos fue subir a su cima, en apenas 3 minutos llegamos a una roca que era el punto más alto. De allí hay unas vistas maravillosas de 360º y entendimos porqué le llaman 'el mar de los 7 colores'. Todas las tonalidades de mar estaban bajo nuestros pies. Una maravilla!
De vuelta al apeadero nos pusimos el equipo de snorkel y bajamos al mar por unas escaleras. Cerca del apeadero apenas cubre y estás a 2-3 metros del suelo. Allí tuvimos nuestro primer contacto con 4 tortugas marinas, de unos 60cm. Estuvimos más de 1 hora siguiéndolas en sus inmersiones en busca de plancton y acompañándolas a la superficie para tomar aire.
También vimos varias rayas de unos 70cm que removían la arena antes de cambiar de lugar.
A media mañana empezaron a llegar más turistas y a la hora que nos marchamos llegaban nuestros amigos italianos con el tour. En el apeadero habían abierto un pequeño mostrador donde vendía bebidas y nos reclamaron la entrada obligatoria a Cayo Cangrejo de 17.000 COP por persona.
A la hora acordada nos vino a buscar el barquero y en el viaje de regreso le pagamos lo acordado.
Mientras esperábamos a un mototaxi nos tomamos una cervecita en las hamacas de la terraza del hotel por 6.000 COP cada una, muy agradable y con unas vistas inmejorables.
Mientras esperábamos a un mototaxi nos tomamos una cervecita en las hamacas de la terraza del hotel por 6.000 COP cada una, muy agradable y con unas vistas inmejorables.
Es la playa más salvaje situada junto a un manglar y repleta de palmeras. Ten en cuenta que si la marea está alta apenas queda playa.
Cuando llegamos no había nadie. Allí encontramos el famoso chiringuito ‘Roland’s’, donde un rastafari pasaba el tiempo alimentando una gran hoguera escavada en medio del chiringuito, sin mucho sentido ya que hacía calor.
Disfrutamos del baño, las vistas y la tranquilidad, y acabamos en una de las tumbonas rudimentarias de Roland’s tomando una cerveza mientras sonaba Bob Marley.
En Aguas Dulces encontrarás varios centros de buceo. Una pareja alemana nos recomendó la experiencia y uno de ellos sin título no tuvo problema para realizar varias inmersiones. Un día hicieron 2 inmersiones en una zona con tortugas y langostas, y el segundo día les llevaron a una zona repleta de tiburones. Nos enseñaron las fotos junto a tiburones de 3 metros a su alrededor. Si te atreves ya sabes dónde tienes que ir a bucear.
Nos faltó poder disfrutar de 3 días más en la isla, aunque exprimimos al máximo nuestro tiempo.
De regreso a San Andrés nos quedaba 1 día entero antes de volar hacia Panamá.
Estuvimos a punto de contratar la salida en barca para visitar la Isla de Johnny Cay y el Aquario, pero lo vimos demasiado turístico, con mucha gente y sin el encanto de Providencia.
Al final disfrutamos de nuestro último día en Colombia en la Playa de arena blanca junto al hotel.
Estuvimos a punto de contratar la salida en barca para visitar la Isla de Johnny Cay y el Aquario, pero lo vimos demasiado turístico, con mucha gente y sin el encanto de Providencia.
Al final disfrutamos de nuestro último día en Colombia en la Playa de arena blanca junto al hotel.
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